Entendemos que hay glaucoma cuando, por alguna razón, el canal por el que salen las fibras del nervio óptico es superior al espacio mínimo que necesitan, superando en un tercio el tamaño total de la papila. Esto se llama excavación papilar, una depresión fisiológica que no es una patología en sí misma, la mayoría de ojos sanos tienen un poco de excavación, pero comienza a ser un problema cuando aumenta considerablemente.

Una papila sana es aquella en que la excavación es igual o inferior a 0,3, y que no presenta una diferencia mayor a 0,2 entre ojo y ojo.

Esta modificación del canal suele producir un mal funcionamiento del sistema del drenaje del humor acuoso, lo que provoca un aumento de la presión del ojo y, en consecuencia, daños en el nervio óptico. Si no se trata a tiempo puede derivar en la pérdida de la visión, parcial o total.

También puede ser un indicativo de la presencia de un tumor benigno tratable.

En cualquier caso, es indispensable la valoración de un especialista que conozca en profundidad la anatomía del fondo de ojo y analice qué tipo de excavación se ha producido y qué medida.

¿A qué síntomas debo prestar atención?

Ante cualquier señal de disminución o alteración de la visión, dolores de cabeza, molestias alrededor de los ojos, puntos ciegos o cegueras parciales, disfunciones o variaciones cromáticas o afectación del campo visual, debemos acudir al oftalmólogo, quien determinará ante qué tipo de excavación papilar estamos. Debemos tener en cuenta que el glaucoma suele permanecer asintomático en las primeras etapas.

En cuanto a la presión ocular, es más probable que tenga o desarrolle glaucoma si es elevada, aunque no necesariamente. De hecho, algunas personas con glaucoma nunca ha presentado presión ocular elevada.

Es fundamental, especialmente a partir de los 40 años, someterse a revisiones periódicas, para detectar a tiempo enfermedades que, como ocurre con el glaucoma, no se reconocen inicialmente. Una vida sana y saludable nos ayudará a mantener los ojos sanos durante mucho tiempo.

¿Qué pruebas se realizan para detectarlo?

Si estamos ante una papila glaucomatosa se observarán poros pequeños y redondos de la lámina cribosa y para detectarlo se realizará una campimetría, una prueba de tensión ocular y una exploración profunda de la retina. Con esta última se realizarán fotografías del fondo del ojo y de zonas concretas ampliadas, como la mácula y el disco óptico o papila, para así detectar esas depresiones anormalmente grandes.

Es importante además otro tipo de pruebas como los reflejos pupilares, los exámenes de colores, exámenes de sensibilidad al contraste, o las electrofisiológicas.

Tratamientos

Los tratamientos para el glaucoma son los que disminuyen la presión intraocular. Eso se consigue con medicamentos o intervenciones con láser o cirugía. Se trata de tratamientos para toda la vida ya que, por el momento, no existe cura.

Existen gotas oftálmicas que deben aplicarse entre una y tres veces al día. Suelen tener la misma efectividad que el láser. Este suele tener una duración de hasta 5 años.

Las operaciones se realizan en pacientes con glaucomas más graves y en estados avanzados, aunque hay nuevas técnicas que se aplican ya en etapas iniciales.

Un tratamiento u otro dependerá de cada caso concreto que deberá ser valorado por el especialista.

 

Equipo IOTT