Síndrome de Sjögren

El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune que afecta a las glándulas encargadas de la producción de la saliva, las lágrimas, las secreciones mucosas de la laringe y de la tráquea y otras secreciones que hidratan, lubrican y suavizan las partes del organismo que están en contacto con el exterior.

El sistema inmunitario, que es el encargado de defenderse de las agresiones externas reacciona, por causas desconocidas, contra su propio organismo, lesionando estas glándulas. Se trata además de una enfermedad sistémica porque puede afectar a cualquier órgano del cuerpo y producir una gran variedad de síntomas.

¿Cómo se detecta el síndrome de Sjögren?

Al tratarse de una enfermedad sistémica y manifestarse de forma muy variada es muy difícil de diagnosticar . Los diferentes síntomas pueden haber sido valoradas de forma individual por especialistas distintos sin encontrar la conexión común.

Su evolución es muy lenta y, desde los primeros síntomas hasta el diagnóstico real de la enfermedad, pueden pasar incluso diez años. Puede camuflarse con los signos habituales del envejecimiento y tiene un impacto enorme en la calidad de vida de quien lo padece, en diferentes aspectos como el físico, laboral, psicológico, económico y en su relación con la familia y los amigos..

Suele afectar más a las mujeres a partir de los 40 años y en los casos más graves, se puede desarrollar un linfoma (cáncer hematológico).

Esta patología podría tener un origen genético y se ha indicado que podría tener, como desencadenante, una infección viral o una bacteriana.

Para llegar a un diagnóstico es necesario realizar análisis de sangre para comprobar la presencia de anticuerpos, exámenes oculares, pruebas de imágenes y una biopsia.

Tipos del síndrome de Sjögren

El síndrome primario es el que se presenta solo y no tiene relación con otras enfermedades. El secundario se asocia a otras patologías como el lupus o la artritis reumatoide.

El síndrome de Sjögren y su relación con la oftamología

Esta enfermedad, como ya comentamos, afecta a la secreción de lágrimas y la saliva, provocando sequedad en ojos y boca. Por eso, es fundamental la valoración de un oftalmólogo.

Los síntomas son: ojos secos con ardor, picor o sensación de arenilla, sequedad en la boca, sensación de que la boca está llena de algodón o dificultad para tragar o hablar.

Las consecuencias derivadas de esta enfermedad, en el caso de la oftalmología, pueden ser: sensibilidad a la luz, visión borrosa o daño en la córnea.

El especialista deberá realizar un examen ocular para evaluar su impacto en la hidratación de los ojos. Y el tratamiento en este campo médico será la de aliviar los síntomas con la prescripción de gotas para combatir la sequedad. En caso de que los conductos lagrimales estén taponados, se puede realizar un procedimiento quirúrgico sencillo que drena las lágrimas.

¿Se puede prevenir el síndrome de Sjögren?

En este caso, al tener un componente posiblemente genético es difícil prevenirlo, pero sí se puede minimizar su impacto con una buena alimentación, mucha hidratación, no fumar, evitando ambientes secos, en definitiva, con una vida saludable.

Es importante acudir a revisiones periódicas tanto con el oftalmólogo como con el odontólogo.

 

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Equipo IOTT